Montería, 14 de septiembre de 2026. Carlos Mario Urda Palacio celebra cantando. Así comenzó su conversación después de recibir el título que durante años esperó. Tiene 26 años, es del municipio de Planeta Rica y se graduó como profesional en Administración en Finanzas y Negocios Internacionales.

La alegría tiene una razón especial. Carlos Mario tiene ceguera total. Perdió de manera gradual el residuo visual con el que nació cuando todavía era un niño. Eso no le impidió continuar sus estudios, interesarse por las matemáticas, la economía y las finanzas y llegar hasta el diploma que recibió el pasado 10 de septiembre.

Su paso por Montería también estuvo acompañado por personas que hicieron más llevadero el camino. Durante algunos semestres vivió en una residencia universitaria y, en otro momento, llegó a la casa de una familia que terminó convirtiéndose en parte importante de su historia. Allí estaba Lety Martínez Mendoza.

Carlos Mario llegó a su casa por medio de Pedro Luis, hijo de Lety y amigo suyo. La situación económica le dificultaba continuar en el lugar donde vivía, así que pidió ayuda. Lety decidió recibirlo. “Yo con mucho gusto recibí a Carlos Mario por ser amigo de mi hijo”, cuenta.

Había, además, una razón que hizo que Lety entendiera todavía más las necesidades de Carlos Mario: ella también tiene un hijo con discapacidad.

Desde entonces, su casa se convirtió en un lugar donde Carlos Mario encontró apoyo durante su carrera. No había un vínculo de sangre, pero sí una disposición para acompañarlo en los momentos que lo necesitara.

“Me recibieron y siempre me apoyaron todo el proceso”, reconoce Carlos Mario.

Mientras él cuenta esa parte de su vida, su mamá, Sandra Palacio, también habla con orgullo de lo que significa verlo graduado.

Ella conoce de cerca las dificultades que ha tenido que enfrentar su hijo y celebra que haya llegado hasta el final de la carrera que escogió.

“Me siento muy feliz, muy orgullosa por este nuevo logro que mi hijo ha tenido”, dice Sandra.

Para Carlos Mario, llegar a este punto fue un proceso exigente. Habla de la ayuda de Dios, de la fortaleza y del coraje que necesitó para continuar, pero también reconoce a las personas que estuvieron cerca cuando más lo necesitó.

Su historia está acompañada por dos mujeres que, desde lugares distintos, hicieron parte de ese recorrido, Sandra, su mamá, y Lety, quien le abrió las puertas de su casa cuando necesitó un lugar donde vivir.

Carlos Mario cerró una etapa con su título profesional. Lo hizo acompañado por quienes estuvieron presentes durante el camino y con una certeza que ha mantenido desde el comienzo, su discapacidad visual no ha definido hasta dónde puede llegar.

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