Montería, 30 de abril de 2026. Con una participación mayúscula de mujeres campesinas, la Universidad de Córdoba avanza en el establecimiento de sistemas agroecológicos y bioespacios en varias comunidades de la Mojana, región del Caribe colombiano donde ha permanecido la alma mater desde hace varios años haciendo transferencia de conocimientos para el beneficio de las poblaciones.
En un encuentro de saberes entre campesinos y académicos se cosechan los resultados de una oferta por la seguridad alimentaria y la producción de comida orgánica, lo que se traduce en transformación de vidas para las familias, con el acompañamiento técnico de la facultad de Ciencias Agrícolas. La técnica predominante es la construcción de camas biológicas, que funcionan como estructuras diseñadas para el control de inundaciones.
En los bioespacios levantados los campesinos empiezan a sembrar, con mejor técnica, especies hortícolas perennes y resilientes, entre hortalizas como berenjena, muchas variedades de frijol, tomate mano de tigre, maíces criollos, mango, guayaba, limón criollo, que se multiplican para contribuir con la calidad de vida en esa región.
Desde el corregimiento Alto Prado, en Majagual, Sucre, el profesor extensionista Alfredo Jarma Orozco, explica que con los pequeños productores se culmina un proceso que inició hace varios años, tras destacar el rescate de especies que se
consideraban en extinción y que hoy pueden llegar como producto y como semilla a la mayor cantidad de productores posibles.
A su turno el también docente e investigador científico unicordobés Juan De Dios Jaraba Navas, explica que se trata de una iniciativa que defiende los restos productivos en una región marcada históricamente por dos condiciones meteorológicas extremas: excesiva sequía y excesivo invierno.
“Hemos tratado de demostrar cómo la academia puede ayudar a transformar la producción agrícola en regiones como la Mojana…en estos municipios la producción de hortalizas ha sido mínima, la gente se tiene que abastecer de lo que viene de otros departamentos; el propósito con los bioespacios es hacer producción agrícola en esta región, desde la extensión de la academia que impacta de manera positiva en esta zona del país”, precisa el docente.
Entre tanto el docente y experto mexicano, Juan De Dios Bustamante, invitado por Unicórdoba, destaca el alto grado de aceptación y materialización que se ha conseguido en el territorio, no sólo en la producción de alimentos, sino también en el fortalecimiento del tejido social.
“Estos bioespacios permiten que las comunidades mejoren su dieta y se integren como unidades sociales, desde el conocimiento ancestral que se cristaliza con las nuevas formas de manejar los cultivos… aquí está la esencia y la sincronía de la educación ancestral, en la forma como se cultiva; preparados para recibir posibles crecientes. Así las cosas: unidad social, tecnología, conocimiento ancestral y Unicórdoba conforman un objetivo compartido que eleva el bienestar de la comunidad”, precisa el experto mexicano.
El proyecto es coordinado por los jóvenes graduados de Ingeniería Agronómica en Unicórdoba, Antony Ariza y Rober Barderbil, con la orientación de docentes e investigadores de esa misma facultad. Los coordinadores destacan la participación de al menos el 66 % de las mujeres, en temas como agroecología, bioespacios, control biológico y nutrición de cultivos.
“Destaco el proceso de formación de capacidades, las comunidades han puesto en práctica esa información ahora con el establecimiento de las especies hortícolas… el rol de la mujer ha sido importante en todas las actividades: construcción de las camas, preparación de abono orgánico, de bioinsecticidas, biofungicidas, en el establecimiento de las especies en campo, sistemas agroecológicos destacando, además el trabajo colectivo de esta comunidad”, precisa el ingeniero agrónomo.
Es oportuno señalar que este proyecto se desarrolla con recursos de la Gobernación de Córdoba, y que la Unicórdoba ha tenido presencia de impacto en la Mojana, desde hace más de una década, gracias a la alianza y confianza científica que ha tenido el PNUD con la alma mater, desde su experticia y habilidades técnicas en temas de agroecosistemas, agricultura orgánica, y desarrollo de proyectos autosostenibles.










