Montería, 7 de abril de 2026. Justo cuando se conmemora en el abril a escala del mundo la Concienciación sobre el Autismo, la docente unicordobesa, Viviane Araujo Dalbon, de nacionalidad brasileña, con base en su propia experiencia y la de su pareja, sugiere a los especialistas en el ramo escuchar el instinto maternal desde los primeros días del nacimiento, para agilizar el diagnóstico, el tratamiento y con ello el desarrollo cognitivo de los pequeños.
“Mi pedido a los médicos Pediatras y Neuropediatras es que miren sus pacientes de manera diferenciada y que escuchen el pedir de una madre, porque, si hubieses sido escuchada cuando mi hijo tenía un mes de vida, el escenario cognitivo del desarrollo de mi hijo hoy sería diferente y muchas cosas podrían ser evitadas con el tratamiento adecuado con fisioterapia, nutrición y acompañamiento genético”, precisó la docente, doctora en Biotecnología, docente del Departamento de Biología, Facultad de Ciencias Básicas en Unicórdoba, activista en la causa de niños autistas.
La profesora Viviane es madre de David, nacido en agosto de 2015 en Brasilia- Brasil, y cuenta en su relato que desde el momento en la criatura le fue llevada a sus brazos, observo que había algo diferente pero no lo sabía explicar.
“Sentía que aquella falta de un llanto era algo diferente. Mi sentido como bióloga, desde las teorías de la Biología Evolutiva que aprendí durante mi carrera, me hizo cuestionar el comportamiento de mi recién nacido. Al pasar los días, mis inquietudes fueron aumentando porque percibía que David tenía dificultad para tragar, casi no lloraba y con eso mis inquietudes fueron aumentando. Empecé a anotar en una libreta su comportamiento, algo estaba errado. En la primera consulta, compartí mis inquietudes con el médico pediatra que lo atendió, pero lo que escuché de él era que mi hijo no tenía nada y que era un niño perezoso, que tranquila mamá”, cuenta la docente desde la experiencia de madre.
Sostiene en su narración que a medida que pasaron los meses, cada día se evidenciaba que sus sospechas aumentaban, y “mi hijo presentaba una mirada perdida, la falta de conexión en la mirada, dificultades en deglutir; fueron varios cuestionamientos que me hacía. Percibía que la parte de interacción social no estaba bien, que un ser que no se alimenta bien, no se desarrollaba bien”.
Agrega la Dra. Araujo Dalbon que, en 2022, gracias a la sensibilidad y escucha de médicos especialistas en Montería, lograron acceder al examen de Secuenciamiento de Exoma y el resultado fue una revelación biológica: una mutación genética TAOK1, que causa alteraciones a nivel celular e impide la producción de algunas proteínas “y por eso el retraso cognitivo, pero empezamos a través de la medicina de precisión a hacer la suplementación y hemos avanzado en su proceso de desarrollo”
“Gracias al apoyo del equipo médico y de la institución Liceo Valderrama, en Montería, hemos conseguido un avance en su desarrollo intelectual y cognitivo. Hoy quiero manifestar a la comunidad la importancia del examen genético para los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y también el estudio detallado de la parte bioquímica. De madre a madre debo decir que es doloroso saber que se necesita del apoyo médico y no somos escuchadas, pasé por eso, en medio de la impotencia de querer respuestas inmediatas por el tiempo determinado de la neuroplasticidad en el niño, sé lo que cuesta mientras buscamos información, pero madre: te cuento que sí se puede, hablando con sinceridad, manifestando el dolor, pedir ayuda y buscar el conocimiento”, cuenta la docente desde su propio sentir, mientras ve crecer a David cada vez interactuando de una mejor forma y con más calidad de vida.
Agrega que el descubrimiento no fue solo un código en un papel; sino que fue la explicación biológica a años de preguntas. “El gen TAOK01 es fundamental en la regulación del citoesqueleto y el desarrollo neuronal; entender esto transformó nuestra perspectiva”, refuerza la docente que, además de enseñar Biología ahora también enseña a las madres sobre el tratamiento en niños con ese tipo de condición.
“Comprendimos que su hipotonía y desarrollo no eran fallas en el proceso terapéutico, sino manifestaciones directas de una variante genética específica. Conocer la mutación nos permitió dejar de ‘adivinar’ y empezar a trabajar a favor de su biología, optimizando cada hora de terapia y con acompañamiento nutricional adecuado para recomponer sus rutas metabólicas; y, finalmente, la ciencia molecular validó lo que mi instinto de madre y mi rigor como bióloga e investigadora sospechaban: el fenotipo (lo que veíamos) tenía un genotipo (una causa raíz) que merecía ser nombrado”, concluye la profesora extranjera, al servicio de la educación en Unicórdoba.










